martes, 7 de enero de 2014

Capítulo 13


13

          Paula siguió sentada mientras Pedro daba la vuelta a la furgoneta y abría la puerta, aunque esperar a que él se hiciera cargo de las cosas no era su estilo. Pero si eso le hacía sentirse más romántico obedecería.

          Pedro le tendió la mano.

-          Llevaré primero la manta y volveré a por ti.

-          Puedo yo llevar la manta.

-          Pau...

-          De acuerdo, señor macho, pero esto es una tontería. Podríamos hacerlo de un solo viaje.

-          Sí, si buscáramos la eficacia, pero yo busco un efecto diferente.

          Pedro fue hasta la parte trasera, abrió la portezuela y trepó dentro.

          Paula escuchó cómo colocaba la manta. Un par de años atrás, había instalado una colchoneta allí y ella se había preguntado si tendría que ver con su vida amorosa. Ahora estaba bastante segura de que sí.

          Pedro saltó y volvió a su lado.

-          ¿Puedo poner mi delicado pie en el suelo?

-          Todavía no. ¿Te han sacado en brazos alguna vez de una furgoneta?

-          Desde los seis años no. En cuanto supe hacerlo por mi cuenta, me pareció una completa tontería ya que... ¡Uau! -exclamó cuando él la levantó por la cintura.

          De forma instintiva, Paula le rodeó el cuello con los brazos y él la dejó acomodarse con un movimiento sensual y lento. El calor la asaltó al sentir la fricción de su cuerpo contra el de ella como una sensual caricia. Al final, sus pies descansaron en el suelo y lanzó un suspiro.

          Pedro la mantuvo abrazada y bajó la vista hacia ella.

-          ¿Te ha parecido tonto?

          Completamente absorta por la experiencia de haber estado abrazada a él de forma tan íntima, Paula sacudió la cabeza.

-          ¿Crees que estás lista para un beso?

-          ¡Oh! No lo sé.

-          Vamos a intentarlo.

          Atrayéndola con un brazo por la cintura, le apartó el pelo con suavidad de la cara con la otra mano.

          Ella ya había visto aquella parte tierna de él, sobre todo con los animales o cuando ella se había hecho daño. Pero esa caricia sensual no iba destinada a tranquilizarla, sino a excitarla. Y lo estaba consiguiendo de forma admirable. Estaba temblando tanto, que se preguntó si conseguiría mantenerse en pie.

-          Estás nerviosa.

-          Sí.

-          Yo también.

          Pedro siguió acariciándole el pelo antes de dibujarle los contornos de la cara con la punta del dedo para acabar en su boca, que dibujó con gran cuidado.

          Paula alzó la vista hacia él para intentar ver su expresión en la luz del crepúsculo.

          Pedro le abarcó la mejilla.

-          La última vez que te toqué así, te estaba poniendo un trozo de hielo en el ojo, donde te había dado la pelota de béisbol.

          Paula apenas podía distinguir su sonrisa en la penumbra.

-          No me tocaste así -murmuró.

-          ¡Claro que sí!

          Pedro deslizó la mano hasta su barbilla y la atrajo más hacia sí.

-          No, eras más áspero. Estabas enfadado conmigo.

-          No, estaba enfadado conmigo mismo. Yo fui el que tiró esa pelota.

-          Y yo la que la rebotó.

-          Hum. Tu boca está muy sexy cuando dices rebotó.

-          Si ni siquiera puedes verme la boca.

-          Sí puedo. Queda un poco de luz y por eso te he ladeado la cabeza. Para poder verte la boca. Di la palabra de nuevo.

          El deseo la asaltó.

-          Estás loco.

-          Sí -la atrajo aún más-. Di la palabra para mí, Pau.

-          Rebotó.

-          Otra vez.

-          Rebotó.

          Sus labios rozaron los de ella y en ese instante, Paula supo que el mundo que había conocido había dejado de existir. Porque ahora estaba besando de verdad a Pedro y nada volvería a ser lo mismo.

          Paula había sido la fruta prohibida tanto tiempo que cuando Pedro posó los labios sobre los de ella, casi esperaba que un relámpago rasgara el cielo. En vez de eso, sus labios aterciopelados lo recibieron de una forma tan completa, que lo echó para atrás con el corazón desbocado. Maldición, aquello iba a estar muy bien. Demasiado bien. Un hombre podría perderse con un beso así.

-          ¿Peter? -susurró ella-: ¿Pasa algo?

          Con un gemido, él volvió a su boca concentrándose en el beso y al diablo con las consecuencias. Pero tenía la inquietante sensación de que aquello le costaría más de lo que nunca hubiera imaginado.

          Porque su boca encajó en la de él a la perfección. No tuvo que pensar en que estaba besando a Paula, porque fue tan sencillo como respirar. Ella se abrió a él como si lo hubieran estado haciendo durante años. Y él aceptó su invitación sin vacilar, paladeando su sabor, su calor y su deseo.

          La alegría lo embargó cuando ella respondió apretándose más contra él y gimiendo con suavidad mientras le hacía el amor a sus labios. Pedro pensó en los años que había perdido. Pero allí la tenía ahora, viva y cálida en sus brazos y dispuesta...

          Muy dispuesta. Cuando se amoldó contra él, Pedro pudo sentir sus pezones, erectos y excitados, contra su pecho. Su propia erección le tensaba los pantalones. Si no paraba enseguida, violaría los términos del acuerdo de esa noche y le haría el amor allí mismo en el suelo del desierto.

          Con gran esfuerzo, se apartó con la respiración jadeante. El sol ya había caído y apenas podía ver la cara de Paula. Le hubiera gustado poder ver el deseo dibujado en su cara, pero quizá fuera mejor así.

-          Me ha... gustado eso -susurró ella con la respiración tan jadeante como la de él.

-          Sí -le frotó la espalda mientras las chicharras empezaban su canto-. A mí también.

          Paula enroscó los brazos alrededor de su cuello y se apoyó contra él.

-          ¡Estás excitado de nuevo! Lo noto en tu voz.

-          Cualquier hombre se excitaría si lo besaras así.

-          ¿He sido demasiado... desinhibida? - Preguntó ella preocupada

-          Dios, no. Has estado estupenda.

-          Me lo preguntaba porque normalmente no me excito tanto...

          A Pedro le encantó oír aquello.

-          ¿De verdad?

-          No me suele pasar la primera vez que beso a alguien. Eres... hum... muy bueno en este asunto de besar. Supongo que será la práctica lo que te da la técnica.

-          Eso no ha sido técnica -le encantaba deslizar los dedos por su pelo-. Ha sido... no lo sé. Me has inspirado, supongo.

-          ¡Oh! -exclamó ella con satisfacción.

          Pedro empezó a desear besarla de nuevo y, aunque sabía que no llegarían hasta el final, su entusiasmo por el siguiente paso no decayó.

-          ¿Lista para subir a la parte trasera?

-          Lo he estado pensando. ¿Estás seguro de que deberías?

          Pedro lanzó una carcajada.

-          Creo que eso ya lo hemos discutido. No, probablemente no debería, pero lo haré de todas formas, porque sigue siendo la mejor solución.

-          No, quiero decir por cómo has reaccionado al besarme. Apuesto a que nos estás acostumbrado a ligar con una mujer y no llegar hasta el final. Puede que acabes frustrado.

          Él sonrió.

-          Y tú también. De eso se trata. De que la excitación aumente hasta que realmente estés lista para ello. ¿O prefieres sacrificarte por mí?

-          Sí. No tenemos por qué pararnos si vas a sentirte... demasiado incómodo.

          ¡Oh, Dios! El paraíso a su alcance y lo había pillado sin preparar. Inspiró con fuerza.

-          Bueno, por mucho que desees hacer el gran sacrificio por mí esta noche, no hará falta. No he traído protección.

-          ¿No?

-          ¿Qué crees, que siempre la llevo por si hay suerte?

-          ¿Ni siquiera en la guantera?

-          ¿Estás de broma? Ya sabes que mi madre suele usar la furgoneta y que le ponen multas de vez en cuando. Imagino lo que disfrutaría encontrando un preservativo cuando metiera la mano en la guantera para buscar la documentación.

          Paula alzó la vista hacia él.

-          ¿Sabes? Me alegro de saber que no los llevas encima todo el tiempo.

-          ¿Es que me tomas por una máquina sexual o algo así?

-          No exactamente, pero todo el mundo pensaba que habías instalado esa colchoneta en la parte trasera hace dos años para poder divertirte con tus novias.

          Pedro lanzó un suspiro de exasperación.

-          Puse esa colchoneta en la parte trasera porque mi madre empezó a restaurar muebles antiguos y no quería que se rayaran.

-          ¿No era para hacer el amor?

-          No.

-          ¿O sea que nunca...?

-          Yo no he dicho eso. Y esta discusión está acabada.

-          sea que no quieres volver a hablar de tu vida amorosa más.

-          No.


          La alzó entonces en brazos antes de darle tiempo a decir nada más. Por supuesto que había hecho el amor allí, pero no quería hablar en ese momento de ello. De hecho, no quería hablar o pensar en otra mujer con la que hubiera estado saliendo. No habían sido las adecuadas para él, pero no lo había sabido hasta unos momentos antes... cuando había besado a Paula.













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Holiwis!! Buenas noches!!! Good night!! Acá les dejo los dos capítulos de hoy. Como se habrán dado cuenta anoche me dormí y por eso no subí. 
Los próximos capítulos se vienen bien quenchis, asi que vayan preparándose ;)...
Bueno eso es todo por hoy. LOS QUIERO Y GRACIAS POR LEER.

PD: Comenten acá o en mi tw♥

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