28
Gonzalo
sonaba furioso.
-
¿O sea que me estás diciendo tan tranquilo que te
aprovechaste de la inocencia de nuestra hermana?
En absoluto,
pensó Paula preguntándose qué habría dicho Pedro.
-
Eso es exactamente lo que estoy diciendo -dijo Pedro
con tono más bajo y controlado-. Y si no lo hubiera hecho yo, lo habría hecho
cualquier bastardo de Nueva York. No podía ser virgen para siempre, maldita
sea. La convencí de que debía prepararse antes de salir para la gran ciudad.
-
¡Que la convenciste? -gritó Hammer-. ¡La sedujiste,
querrás decir! Esa pobre chica no tenía una sola oportunidad.
Paula entró
apresurada en la habitación.
-
Sí que tenía una oportunidad. Yo...
-
Paula -Pedro se dio la vuelta hacia ella-. No puedes
asumir la responsabilidad de esto. Yo me aproveché de tu falta de experiencia.
Tan simple como eso.
-
¡Desde luego que no! -comprendió que estaba intentando
protegerla, pero no podía dejar que lo hiciera. Si quería una oportunidad de
salvar la relación con sus hermanos, la verdad tenía que salir a la luz-. No sé
lo que os ha contado, pero todo este proyecto de verano fue idea mía. Decidí en
junio que quería perder la virginidad antes de irme a Nueva York.
Gonzalo y
Hammer la miraron anonadados.
-
¿Pro... proyecto de verano?
Pedro lanzó
un bufido.
-
No la escuchéis. Ya conocéis a Paula. Siempre se
inventa las historias más increíbles para protegerme. Lo está haciendo de
nuevo.
-
¡No lo estoy haciendo! Yo hice mi plan y le pedí a
Pedro que me buscara a alguien para llevarlo a cabo y se ofreció él mismo.
-
¡Ya me lo imagino! -Gonzalo avanzó hacia Pedro-. ¿Y
cómo se le ocurrió esa idea para empezar? A Paula nunca le han preocupado cosas
como ésa, así que, ¿quién le metió esa idea en la cabeza, Casanova?
-
¡Llevo pensando en cosas como ésa desde que tenía
catorce años, Gonzalo! ¡Y no fue idea de Pedro, fue mía!
-
Puede que te haya hecho creer que la idea fue tuya
-dijo Hammer uniéndose a su hermano con los puños apretados-. Siempre hemos
sabido lo mujeriego que es. Simplemente no pensábamos que iría a nuestras
espaldas a seducir a nuestra hermana pequeña, ¿verdad, Gonzalo?
-
Exacto. Supongo que tendremos que salir fuera y
arreglar esto, Pedro.
-
¡De ninguna manera! -dijo Paula apoyando cada una de
sus manos en el voluminoso pecho de sus hermanos.
-
Puedo cuidar de mí mismo, Paula -dijo Pedro encogiéndose
de hombros-. No tienes que protegerme de tus hermanos.
-
De todas formas, ella no puede detenernos -dijo Gonzalo,
empujando a Paula con suavidad.
-
¡Claro que puedo! -Paula se metió entre los hombres de
nuevo-. Si le tocáis un solo pelo de la cabeza, le contaré a mamá y papá la vez
que cruzasteis la frontera, os emborrachasteis de tequila y pasasteis la noche
en una comisaría de México.
-
No me importa -dijo Hammer-. No es para tanto.
-
¿Y la vez que encontré marihuana en tu habitación,
Hammer? -preguntó ella con dulzura.
-
¿Tenías hierba en tu habitación? -intervino Pedro
asombrado-. Nunca me lo contaste. Dios a tu padre le habría dado un infarto.
Hammer se
sonrojó.
-
Sólo di unas caladas y me mareó.
-
Eso es lo que le contaré a nuestros padres -dijo Paula-.
Estoy segura de que lo entenderán. Aunque podrían preguntarse qué pasó con el
resto de los cigarrillos de marihuana, ya que encontré seis.
Hammer se
sonrojó aún más.
-
Los vendí en el colegio.
Gonzalo se
dio la vuelta hacia él con los ojos como platos.
-
¿Qué traficaste con marihuana? ¡Me dijiste que los
habías arrojado al retrete!
-
¿Quién arrojó al retrete qué? -preguntó Fede entrando
en ese momento por la puerta-. ¡Y qué pasa con la partida de dardos? Suzie me
dijo que habías llamado, así que fui a buscar a Dozer y, cuando llegamos al Ore
Can, nos dijeron que estabais aquí.
-
Sí -Dozer entró tras su hermano-. ¿Vamos a jugar o no?
-
Parece que aquí ya ha estado jugando alguien -dijo
Gonzalo mirando a Pedro con furia-. Este amigo nuestro ha estado jugando a los
médicos con nuestra hermana todo el verano.
-
¿Qué? -Dozer miró a Paula antes de mirar a Pedro-. Pau,
¿es eso verdad? ¿Te ha hecho este chico...?
-
Fue una decisión mutua, así que no vayas a...
-
Ya está -Dozer empezó a cruzar la habitación-. Está
perdido.
-
Espera, Dozer -Gonzalo agarró a su hermano por el
brazo-. No es tan simple.
-
Es muy simple -intervino Paula-. Soy yo la única
culpable aquí, no Pedro. ¡Yo le pedí que lo hiciera!
-
¿Y él no sabía pronunciar la palabra no?
-
¡Yo no quería que dijera que no! ¡Quería experimentar
el sexo por fin!
Fede se puso
rojo.
-
¡Dios, Paula! ¿Y para qué tenías que hacer eso? Tendrás
mucho tiempo para hacerlo cuando estés casada.
-
¿Ah, sí? -Paula alzó la barbilla y miró a sus cuatro
hermanos-. Y supongo que vosotros esperasteis todos a estar casados, ¿verdad?
-
Eso es diferente -dijo Gonzalo.- Nosotros somos chicos.
Paula los
miró furiosa.
-
¡Eh! ¿Sabe alguno de vosotros lo que significa el
concepto derechos de la mujer? No puedo creer que estemos en el siglo veintiuno
y que todavía hagáis esas afirmaciones desfasadas. En caso de que no lo hayáis
notado, las mujeres no son ya unas florecillas indefensas.
-
¡Eh, ya sabemos todo ese discurso! -dijo Hammer-. Ahora
hay mujeres trabajando en las minas y conduciendo grandes camiones. Las mujeres
están por todas partes. Pero, maldita sea, Pau. Tú eres nuestra hermana -dijo
Fede-. No queríamos que te hicieran daño. Muchos chicos sólo quieren acostarse
con las chicas y no están por el matrimonio.
-
Lo que me recuerda un punto muy crítico -Gonzalo
entrecerró los ojos para mirar a Pedro -¿Cuáles son tus planes ahora que te has
pasado el verano jugando con una jovencita inocente?
-
¡Tengo veintiséis años, Gonzalo!
-
¡Eso es ser muy joven! -gritó Gonzalo.
-
No tan joven -intervino Fede-. Yo tengo veintisiete.
-
Ya nos estamos saliendo del tema -Gonzalo volvió a
mirar a Pedro-. ¿Cuáles son tus intenciones, Pedro?
Paula sintió
una oleada de pánico. No quería escuchar a Pedro balbucear. Era mucho mejor
sospechar que no la quería como esposa que oírselo decir.
-
¡No hay planes, chicos! Nada. ¿Os habéis olvidado de
que me voy a Nueva York dentro de un par de semanas? No estoy en situación de
comprometerme en este momento. De hecho, Pedro y yo teníamos un acuerdo desde
el principio, ¿verdad, Peter?
Si Paula
esperaba que la hubiera mirado con alivio o gratitud, sintió una decepción.
Los ojos
mieles que habían estado cargados de tanta pasión poco antes, ahora estaban
vacíos de toda expresión.
-
Sí, lo hicimos.
-
Eso le iría muy bien al Casanova, seguro -murmuró
Hammer antes de mirar a Paula-. Y todavía digo que tú lo estás defendiendo
aunque la idea fue de él. Probablemente pensara que este plan era demasiado
goloso como para dejarlo escapar. Una chica que se va del pueblo a finales del
verano, ¿Perfecto, verdad gran Peter?
El
encogimiento de hombros de Pedro le rompió el corazón a Paula. O sea que sólo
pensaba en su historia como un romance de verano. Divertido mientras durara.
-
Bueno, eso fue lo bueno para mí también -se obligó a
decir con la garganta seca-. No podía permitirme una relación que me
comprometiera cuando estaba a punto de irme.
Gonzalo la
miró con intensidad.
-
No me lo creo, Paula.
Ella se
cuadró de hombros.
-
Me da igual que lo creas o no. Es la verdad.
-
Déjame aclarar esto -intervino Dozer-. Por una parte,
tenemos a un tipo que ha estado haciendo de Romeo por toda la comarca desde que
tenía quince años y por otra a una chica que ha vivido como una monja hasta los
veintiséis años. ¿Qué...?
-
¡Yo no he vivido como una monja por gusto! ¡Vosotros
habéis espantado a todos mis pretendientes!
-
¡Eran todos terribles! -aseguró Gonzalo.
-
La historia aquí es que, considerando que ella no tenía
ninguna experiencia en esto, ¿quién se supone que controlaba la situación?
-
¡Yo la controlaba!
-
Muy improbable -Dozer avanzó de nuevo hacia Pedro-. Y
me muero de ganas de dar un par de puñetazos.
-
Me parece un buen plan -lo secundó Hammer.
-
Podríamos acabar con esto de una vez! -intervino
Gonzalo.
Paula empezó
a desesperarse. No podía dejar que sus hermanos pegaran al hombre que amaba.
Bajó la voz para lanzar su ultimátum.
-
Si hacéis eso, habréis acabado conmigo para siempre.
Todos se
volvieron con expresión de incredulidad.
-
Lo digo en serio. Ningún hermano mío va a colgar a un
hombre inocente. Y Pedro es inocente.
-
¡Ja! -exclamó Dozer.
Gonzalo se
frotó la mandíbula y la miró.
-
¿Significa tanto él para ti, Paula?
Atrapada. No
había respuesta salvo la verdad. Lágrimas de frustración le empañaron los ojos.
-
¡Sí, maldita sea!
Gonzalo
asintió.
-
Entonces quizá deberías quedarte en casa y casarte con
él en vez de irte a Nueva York.
«Pero él no
quiere», se moría ella por decir. Pero en vez de hacerlo, se tragó el nudo que
tenía en la garganta y mintió:
-
El hecho de que alguien te importe y no quieras que le
hagan daño no quiere decir que estés dispuesta a abandonar tu sueño.
Gonzalo la
estudió un poco más.
-
Bueno, supongo que eso lo deja todo aclarado. No
podemos pegar a Pedro y hacer llorar a nuestra hermana, ¿verdad?
-
No pienso llorar. Simplemente no volvería a hablaros en
la vida.
Fede frunció
el ceño y se acercó a apoyar una mano sobre su hombro.
-
Pues pareces a punto de librar.
Paula lo
miró con los ojos empañados.
-
Pues no lo haré.
-
Tenemos otra cosa en qué pensar -dijo Hammer-. ¿Va a
salir esta información de esta habitación?
-
No -Gonzalo clavó la mirada en cada uno de sus hermanos
con mirada intensa-. Nadie va a contar nada. Ni siquiera a nuestras mujeres,
¿entendido?
Todo el
mundo asintió.
Paula los
miró con el pecho oprimido. Quería que aquella escena acabara de una vez.
-
¿No tenéis una partida de dardos pendiente?
Hubo un momento
de silencio. Por fin, Gonzalo lo rompió.
-
Supongo que sí. Vamos, Peter.
-
Creo que pasaré, gracias.
-
¡Y un cuerno que vas a pasar! -Hammer lo agarró del
brazo.
-
No pensarás que vamos a dejarte aquí, ¿verdad?
-intervino Dozer, agarrándolo del otro.
-
Lo dejaré más claro -dijo Gonzalo-. A menos que Paula
cambie de idea y decida casarse contigo, no quiero verte por esta casa de
nuevo. Puede que nos hayas engañado todo el verano, pero los hermanos Chaves
están de vuelta a su trabajo. Ahora vamos a jugar a los dardos.
Paula
contempló con pesadumbre cómo escoltaban a Pedro fuera de la casa.
-
Lo que he dicho lo he dicho en serio -dijo Paula cuando
Dozer le pidió las llaves a Pedro para conducir su furgoneta-. Si le ponéis una
mano encima y lo averiguo, lo pagaréis.
-
No le haremos daño, Pau -prometió Gonzalo antes de
subir a su furgoneta-. Simplemente, no le dejaremos poner los pies en tu casa
de nuevo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Holi!! Espero que les haya gustado la mini maratón de 6 capítulos. Si bien no comentaron mucho, pero como no se si durante la semana voy a poder subir, así que decidí hacerla de todos modos.
Bueno, también les quería avisar que la nove ya casi termina y lo mas probable es que empiece otra en cuanto acabe.
En fin, espero que disfruten los capitulos!! Los/as quiero!!!
PD: Cambie mi user en tw ahora en @nare_pauchaves, si me siguen sigo de vuelta, avisen nomas!!
GRACIAS POR LEER.
Holi!! Espero que les haya gustado la mini maratón de 6 capítulos. Si bien no comentaron mucho, pero como no se si durante la semana voy a poder subir, así que decidí hacerla de todos modos.
Bueno, también les quería avisar que la nove ya casi termina y lo mas probable es que empiece otra en cuanto acabe.
En fin, espero que disfruten los capitulos!! Los/as quiero!!!
PD: Cambie mi user en tw ahora en @nare_pauchaves, si me siguen sigo de vuelta, avisen nomas!!
GRACIAS POR LEER.