20
Con el corazón desbocado, Pedro empezó su
viaje besándole la suave piel hasta llegar a su ombligo. El aroma a colonia se
mezcló con el embriagador aroma de su excitación y el de las flores aplastadas
cuando enterró la lengua en la suave depresión. Paula gimió y se retorció bajo
él.
Pedro descendió más abajo. La seda de sus
medias y los tacones altos lo excitaron más de lo que hubiera admitido y
decidió no quitarle todavía nada. El trozo mojado de tela que cubría el objeto
de su deseo fue apartado con facilidad. ¡Estaba tan bonita! Y tan saturada de
deseo.
La tocó con
suavidad con un dedo y ella gimió. Mantuvo la caricia sutil mientras le daba
besos como plumas en la parte interior del muslo y deslizaba la lengua por el
encaje de su media. El deseo lo asaltó mientras le dedicaba la misma atención
al otro muslo, subiendo aún más, acercándose más a su objetivo.
Por fin, la
besó en los rizos oscuros y ella gimió. Cuando por fin deslizó la lengua por la
delicada perla allí albergada que esperaba por él Paula gritó y se retorció. De
repente impaciente por la fina tira de encaje que le negaba el acceso total, la
agarró con los dedos y la arrancó con los dientes. Por fin.
Deslizando
los hombros entre sus muslos vestidos de seda, buscó su recompensa. El sabor de
ella le hizo gemir de delicia. Mientras sus femeninos gritos de placer llenaban
la habitación, Pedro se sumergió en la sensualidad de sus medias, sus
sandalias, las sábanas de satén, la música erótica y, sobre todo, en la
apasionada mujer que se estaba abriendo entre sus brazos.
El clímax le
llegó con rapidez, demasiado rápido para él. Paula alzó las caderas y él tomó
todo lo que le ofreció hasta que ella se desplomó, temblando y gimiendo, y él
se preparó para hacer una exploración más paciente. Ella intentó apartarse de sus
manos, pero estaba débil del alivio. Pedro la sujeté con facilidad y siguió el
camino elegido. Al cabo de poco tiempo su ligera resistencia se desvaneció con
un gesto de deseo que casi lo llevó al límite.
Y él estudió
su cuerpo, aprendió la caricia que la hacía gemir, el lametón que la llevaba
más lejos, el frotamiento que la volvía loca. Mientras la llevaba al precipicio
por segunda vez, sintió una fiera oleada de posesión. Los pensamientos
racionales se borraron cuando consiguió extraer de ella aquellos íntimos jadeos
mientras se iba oleada a oleada en explosivas convulsiones.
Pedro la
devolvió con suavidad a la tierra entre tiernos besos sobre los muslos y los
rizos mojados antes de incorporarse a su altura y apartarle el pelo de la cara.
Paula lo miró con los ojos grises nublados de asombro. Tenía
los labios entreabiertos, pero no emitía ningún sonido.
Pedro sonrió.
Estaba igual que él la noche de la furgoneta y le gratificó haber creado
aquella expresión en su cara. Deslizó un dedo por la curva de su cuello y su
caja torácica hasta encontrar la perla. La alzó, se la llevó a los labios y la
besó antes de depositarla de nuevo entre sus senos.
La mirada de
Paula se nubló mientras se pasaba la lengua por los labios. Pedro se alegró de
ver retornar el deseo a aquellas profundidades verdes, porque él estaba muy
lejos de haber acabado y le encantaba saber que el colgante de perla se había
convertido en un símbolo de la intimidad que acababan de compartir. Si fuera
por él, se lo pondría siempre y, cada vez que se moviera sobre su piel,
recordaría las sensaciones que él le había producido con su lengua.
-
¿Cómo te sientes? –preguntó.
-
Como una concubina. ¿Cómo te sientes tú?
-
Como el hombre más afortunado de la tierra.
Ella
suspiró.
-
Esto ha sido mucho mejor que como lo describían los
libros.
Él le frotó
el labio inferior con el dedo.
-
Pero sigues siendo virgen.
La sonrisa
de ella fue pura seducción.
- Tómate la libertad de encargarte de eso cuando gustes, vaquero. Por si no te has dado cuenta, soy una muñeca en tus manos.
- Tómate la libertad de encargarte de eso cuando gustes, vaquero. Por si no te has dado cuenta, soy una muñeca en tus manos.
La erección
de él palpitó. Paula hacía parecer que el siguiente paso fuera lo más natural
del mundo y él intentó mantener el mismo tono de voz.
-
¿Qué te parece ahora?
-
Ahora estaría bien -susurró ella con voz perezosa
deslizando un dedo por su erección-.
-
A menos que prefieras que yo...
-
Esta vez no.
Maldición,
estaba más tenso que una ternera en un lazo y sólo conocía una forma de
relajarse. Pero no quería que ella captara su agitación y se pusiera nerviosa.
Todo lo que había hecho hasta el momento había sido para relajarla. Bueno, no
era del todo cierto. Ella estaba tan lasciva, que no había podido evitarlo.
-
¿Quieres que ponga la música?
Había estado
tan absorto en ella, que no se había dado cuenta de que la música había terminado.
-
Déjalo. Creo que en este momento deberíamos escucharnos
el uno al otro, lo que digamos, como respiremos y los gritos que lancemos...
A ella se le
nublaron los ojos de pasión.
-
De acuerdo.
Pedro se
apartó para alcanzar un preservativo de la mesilla.
-
¿Puedo ponértelo yo? He practicado.
-
¿Practicado? -preguntó él con un ataque de celos-. ¿Con
quién?
-
Con el señor Pepino.
Pedro empezó
a reírse.
-
Sólo lo harías tú, Pau.
-
¿Te parece divertido?
-
Claro que me parece divertido -le dio un beso e intentó
quitarle el envoltorio, pero ella lo mantuvo fuera de su alcance-. Dámelo.
Se rió. No
podía dejar de imaginarla en la cocina extendiendo un condón sobre un pepino
una y otra vez hasta hacerlo bien.
-
¡Quiero enseñarte lo buena que soy! -protestó ella
rasgando el paquete.
-
No. Vamos, Pau. Estoy demasiado excitado. Si empiezas a
vacilar, puede que explote.
-
No vacilaré.
-
Lo harás.
Forcejeó con
ella tocándola y besándola donde podía mientras intentaba quitarle el
envoltorio.
-
Lo hago muy bien, Peter. Déjame hacerlo.
El forcejeo
le puso más al límite.
-
Si no paras de luchar y no me devuelves ese
preservativo, voy a atarte a los postes de la cama -advirtió con una sonrisa.
-
No me importaría -tenía la respiración tan jadeante
como la de él-. Los libros dicen que es excitante. ¿Lo has probado alguna vez?
-
No -bajó la vista hacia ella con el pulso acelerado al
imaginarla con las piernas abiertas, atada sobre las sábanas de satén. Apenas
podía respirar-. Hablaba en broma.
-
Pues yo no. Y me parecería el momento perfecto para
usar esos guantes.
Pedro la
miró a los ojos y vio el fuego en ellos.
-
¿Me dejarías hacerlo?
-
Te dejaría hacerlo porque confío en ti, Peter. Y sé que
tú me dejarías hacer lo mismo. Sería excitante.
-
¡Oh, Pau!
Pedro estaba
temblando como un potro recién nacido al imaginarse a Paula atándolo y...
experimentando con él todo lo que había leído en los libros.
-
Échate. Déjame ponerte el preservativo.
-
De acuerdo -lo estaba volviendo loco de deseo de
rendirse ante ella para que lo introdujera en una sensualidad nueva y
fascinante. Se recostó contra las almohadas-. Pero no juguetees.
-
No te preocupes. Entiendo tu problema.
-
¡Yo no tengo ningún problema! Cualquier tipo en mi
situación tendría que hacer un esfuerzo por mantenerse entero.
-
Entonces, ¿te lo has pasado bien hasta ahora?
-
No tienes que preguntármelo. Yo... -casi se atragantó
cuando Paula se inclinó y le lamió la punta del pene-. ¡Pau!
Ella alzó la
cabeza y le sonrió.
-
Lubricación –entonces enrolló el preservativo con
experiencia en menos tiempo del que lo hubiera podido hacer el mismo-. Ya está.
A pesar de
su velocidad, el contacto le hizo lanzar un gemido.
-
¿No lo he hecho muy bien?
-
Desde luego.
-
¿Quieres que me ponga yo encima? He visto fotografías
de como...
-
No -la agarró y la volvió echándola contra el colchón.
Entonces alcanzó los ligeros y los desabrochó-. Y es hora de deshacerse de
esto.
Ella lo miró
con la respiración jadeante y entreabrió los labios de anticipación.
-
Lo que tú quieras.
-
A veces un hombre tiene que ponerse al mando.
Pedro
deslizó cada una de las medias por sus muslos y se las quitó. Entonces, le tocó
el turno al liguero y a lo que quedaba de las braguitas.
Paula se
sonrojó allí desnuda bajo su mirada.
-
¿Ahora lo apruebas? ¿Estoy lista?
Él estaba
tan desbordado por la imagen de ella sólo con la cadena de margaritas y la
perla que apenas podía hablar.
-
Eres perfecta -dijo con voz tensa-. Y debería dejarte
que te pusieras encima y dirigieras el ritmo ya que no lo has hecho nunca
antes, pero... no me apetece hacerlo.
Su pregunta
fue seductora.
-
¿Por qué no?
-
Porque me sentiría... secundario.
-
¿Cómo si te utilizara?
-
Más o menos.
-
A mí tampoco me gustaría eso.
-
Gracias -le apretó los senos disfrutando de su suavidad
antes de frotarle los pezones hasta convertirlos en duras crestas oscuras-.
Tendré cuidado.
-
Ya lo sé -cerró los ojos y se arqueó bajo su caricia-.
¡Oh, Peter! Podría hacerme adicta a tus caricias.
Él se detuvo
sin saber qué decir.
-
Tenemos todo el verano.
Paula abrió
los ojos despacio y la excitación brilló en lo más profundo de ellos.
-
¿Nos atreveremos a arriesgarnos? ¿A hacer el amor
durante todo el verano?
Por supuesto
que él se arriesgaría, pero no quería presionarla a algo de lo que después
pudiera arrepentirse.
-
Eso depende de ti. Es tu proyecto. Dijiste que lo único
que necesitabas era que te desfloraran.
-
Eso era cuando creía que... sería con otra persona.
Hum. ¡Qué gusto, Peter!
Él le frotó
el otro pezón entre el pulgar y el índice.
-
Cuanto más hagamos el amor más posibilidades habrá de
que alguien nos descubra.
-
Huff... Sí -Paula cerró los ojos de nuevo y se
humedeció los labios con la lengua-. Deberíamos pensarlo.
-
Pues piénsalo -dijo inclinándose para meterse un pezón
en la boca.
Ella suspiró
y se arqueó hacia arriba animándole a que tomara más.
-
¡Claro! Mientras me vuelves loca.
Pedro hizo
todo lo posible por conseguir exactamente eso mientras se introducía su pecho
aún más en la boca antes de volver al otro seno.
-
No tienes por qué decidirlo ahora -murmuró contra su
piel mientras deslizaba la mano hacia el triángulo entre sus piernas.
-
Eso está bien -inspiró con fuerza cuando él introdujo
los dedos entre sus rizos hasta llegar al punto más sensible-. Y eso mejor.
Acariciarla
ahora tenía un nuevo significado, porque ahora, por fin, sabría lo que era
sentirse dentro de ella. La sangre le ardió mientras la acariciaba preparándola
para la dulce invasión. Y él sería el primero. Que Dios le ayudara, estaba
invadido de júbilo ante la idea.
Paula sintió
el cambio en las caricias de Pedro, como si la promesa de la plenitud le diera
una nueva urgencia. Y aunque intentó parecer natural ante lo que iba a suceder,
se sentía como una canoa zarandeada en los rápidos hacia la cascada. Si otro
que no hubiera sido Pedro la estuviera tocando así, se habría levantado de la
cama en el acto.
Pero era
Pedro el que estaba allí, haciéndola desear la firme intrusión de su cuerpo en
lo más profundo de ella. Quizá le doliera. Ya no le importaba siempre que por
fin la poseyera y la llenara en formas que no había soñado hasta aquel momento.
Pedro alzó
la cabeza con gesto interrogante mientras deslizaba un dedo dentro de ella.
Era la
penetración por la que se moría de ganas, pero no suficiente. Sintió una
repentina timidez que le hizo cerrar los ojos antes de pedir lo que deseaba.
-
Más -susurró.
Pedro
introdujo entonces dos dedos sin dejar de darle suaves besos en la boca.
-
Dime cómo lo sientes.
-
Diferente -contuvo el aliento cuando él introdujo más
los dedos-. De maravilla -dijo con un suspiro tembloroso-. Peter, me estás
volviendo loca por dentro. Desflórame ya, por favor.
Su beso fue
suave mientras se deslizaba entre sus muslos y apoyaba los dos brazos a ambos
lados de su cabeza. Temblando de excitación, Paula enroscó los dos brazos
alrededor de su cuello y notó que él también estaba temblando.
-
Pau -susurró él-. Abre los ojos.
Ella lo miró
asombrada de la ternura que encontró en su mirada azul. Hubiera creído que un hombre
en su situación parecería mucho más fiero.
-
¿Qué?
-
Voy a ir despacio. No tienes que apretar la mandíbula
de esa manera. Y mantén los ojos abiertos. Si me miras, podré decirte lo que
estoy haciendo.
-
¿Cómo puedes estar... tan calmado?
-
Créeme, no estoy calmado, sólo tengo cuidado
-
¡Oh, Peter! Gracias por estar aquí.
Paula notó
el destello de deseo incontrolado en sus ojos antes de quedar absorta por
completo en la sensación cuando la penetró. Notó su calor y tamaño. El se
retiró y volvió a entrar y ella gimió de placer ante aquella fricción que no se
parecía a nada que hubiera conocido.
-
¿Pau?
-
Ha sido un gemido de felicidad -murmuró mirándolo a los
ojos.
Pedro tenía
la respiración jadeante, pero mantuvo los movimientos lentos.
-
Voy a penetrar un poco más.
-
Sí.
Todo lo
demás, comprendió Paula, por muy delicioso que hubiera sido, iba encaminado
sólo a aquello, a la última conexión. Nada en el mundo le había parecido tan
perfecto como abrir su cuerpo a aquel hombre y ser llenada por él.
Pedro se
deslizó aún más adentro y encontró resistencia. Se detuvo al instante y la miró
a los ojos.
-
Ahí está.
Paula tenía
el corazón desbocado. Un movimiento, y su vida habría cambiado para siempre. Ya
no sería virgen y conocería la maravilla de estar unida íntimamente a otra
persona. Y no a una persona cualquiera, sino a Pedro. Un movimiento más y ella
sería una con él en todo el sentido de la palabra.
Paula
deslizó las manos hacia sus nalgas y se las apretó con firmeza.
-
Vamos por ello.
Mientras él
empujaba con suavidad al principio, ella se alzó para recibirlo, resuelta a
compartir aquel momento. El agudo dolor la hizo lanzar un grito.
-
¡Maldición! -exclamó Pedro deteniéndose en el acto.
-
Está bien -tembló contra él-. Ya se me está pasando. No
te retires. Ya se ha pasado. Ámame. Ámame como un hombre ama a una mujer.
Con un
bramido, Pedro embistió hasta dentro y la fiereza que ella había esperado ver
antes brilló en sus ojos cuando la miró.
Mientras
ella le devolvía la mirada, una fiera intensidad ardía dentro de su cuerpo.
Había esperado estar desnudos los dos esa noche, pero no había adivinado que la
despojara de la esencia misma de su alma y ella a él. Lo miró a los ojos y
comprendió que los dos estaban viendo profundidades que nunca había imaginado.
Y su mundo se trastocó porque supo que la conexión que estaban haciendo no
duraría sólo esa noche, ni siquiera el verano, porque duraría para siempre.
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Holis!! Y como tanto esperaban, acá les dejos los dos capítulos bien... orgasmicos? Bueno espero que disfruten los capítulos y comenten Gracias por leer y porfas comenten.
Holis!! Y como tanto esperaban, acá les dejos los dos capítulos bien... orgasmicos? Bueno espero que disfruten los capítulos y comenten Gracias por leer y porfas comenten.
Buenisimos los capitulos,segui subiendo.
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