sábado, 28 de diciembre de 2013

Capítulo 5


5

-          ¿Estas loca? -Pedro se puso de pie con tal brusquedad, que empujó sin querer a Paula. Lo único peor que imaginarse a sí mismo involucrado en aquella sucia idea era imaginarse a Paula con otro tipo-. Lo siento.

          Se inclinó para darle la mano y ayudarla. En cuanto estuvo de pie, le soltó la mano aprisa y ella se sacudió la parte trasera de los pantalones.

-          Peter, por favor. No puedo ser virgen toda la vida.

-          ¿Por qué no?

          Sabía que no estaba siendo razonable, pero no podía evitarlo. Y maldita fuera, ahora se había sorprendido mirándola sacudirse el trasero y pensando en que era muy bonito.

          Maldición.

          Ella suspiró y bajó la cabeza.

-          ¡Confiaba tanto en tu ayuda!

-          Oh, Dios -no sólo estaba teniendo pensamientos inapropiados acerca de ella, sino que ahora sentía que la estaba abandonando-. Pau, sabes que haría cualquier cosa del mundo por ti, pero no creo que esto funcione.

          Ella alzó la cabeza con la esperanza brillando en sus ojos grises y Pedro dio un paso atrás.

-          No me mires de esa manera.

-          Así es como lo haremos. Nos estrujaremos el cerebro con las posibilidades y sacaremos una lista reducida. Entonces tú podrás enterarte si los chicos están saliendo con alguien porque no quiero romper ningún...

-          ¡Uau! -el pánico le asaltó-. Nunca he dicho que lo haría.

-          Has dicho que harías cualquier cosa por mí.

-          ¡Cualquier cosa menos buscarte un amante! -sólo pronunciarlo le daba escalofríos. Había hecho tantos esfuerzos por no pensar en Paula nunca de forma sexual... Y ahora habían caído todas las barreras. Por primera vez, se fijó en cómo la camiseta se tensaba contra sus senos y en la incitante curva de sus caderas-. Creo que eso es un poco más de lo que una persona razonable podría esperar, ¿no te parece?

-          ¡Es perfectamente razonable! ¿Por qué iba a buscar por mi cuenta para acabar con algún torpe lerdo que haga que mi primera experiencia sea una pesadilla cuando puedo confiar en tu consejo y pasar un buen momento?  

          Pedro no podía pensar mientras tenía la imagen de Paula pasando “un buen momento”.

-          ¿Lo ves? -esbozó la sonrisa de superioridad que siempre ponía cuando ganaba algún juego-. Tienes que admitir que tiene sentido.

-          No tengo que admitir nada. ¿Por qué no te ayuda una de tus amigas? Pensé que las mujeres hablabais de los chicos todo el tiempo.

-          Sí, pero tú eres mejor fuente de información -se metió las manos en los bolsillos-. Tú has salido con más chicos que nadie a quien yo conozca. Sabes lo que las mujeres dicen de un chico y has tenido la oportunidad de conocerlos en persona y saber cómo son. Y además, no confío en nadie tanto como en ti.

          Pedro tragó saliva. No sabía cómo negarse. Y le gustaría que no siguiera así de pie, con las manos en las caderas y el pecho alzado hacia adelante. No le gustaba. De acuerdo, le gustaba demasiado.

-          Peter.

          Paula se adelantó y posó la mano en su brazo.

          Él intentó no dar un respingo. Ella le había tocado un millón de veces y nunca había significado nada. Hasta ese momento.

-          Escucha, Peter. Tú me sacaste el primer diente, ¿recuerdas?

-          Es un caso diferente.

-          Y me enseñaste a conducir. Y me diste mi primer trago de whisky.

-          Me lo suplicaste y después vomitaste.

-          Y tú me sujetaste la cabeza. Verás en todos esos momentos importantes de mi vida, tú estabas allí para guiarme.

-          Esto es diferente.

-          No, si dejas de ser tan puritano.

-          Yo no soy...

-          ¿Qué te parece Donny?

-          ¿Donny Beauford? -lanzó un bufido desdeñoso-. No puedes hablar en serio.

-          ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo Donny?

          Pedro no podía explicarlo exactamente, sólo que cuando pensaba en Donny en un abrazo íntimo con Paula, la piel se le erizaba. Miró hacia el sicómoro antes de mirarla a ella.

-          Él no... te cuidaría.

-          ¡Oh! -se sonrojó-. ¿Te refieres sexualmente?

-          De cualquier manera.

-          ¿Ves? Eso es exactamente lo que yo necesito saber. ¿Y qué hay de Stu?

-          ¡Oh, Dios! Ese peor.

-          ¿Bucle?

-          De ninguna manera.

-          Ya sé quién. Jerry.

-          ¡Desde luego que no! Es un buitre. Probablemente te... Bueno, no importa. Jerry para nada.

-          De acuerdo. Entonces haz una sugerencia.

          Él la miró en el silencio interrumpido sólo por el sonido del agua y el eco de los cascos de los dos caballos, que se estaban inquietando cada vez más con el calor. Sintió sudor en la espalda, pero no, no creía que fuera sólo del calor.

-          No se me ocurre nadie.

          La verdad era que no quería pensar en nadie.

-          Quizá necesites más tiempo. Te he pillado por sorpresa.

-          Desde luego.

-          Te diré una cosa. Vamos la posponer la discusión. Quizá podamos quedar para cenar esta noche.

-          Es la noche de póquer.

-          Tienes razón. Yo tampoco puedo. Juego al pinocle en casa de Joan. Bueno, mañana por la noche.

          Pedro decidió que el retraso era lo mejor que podía esperar. No podía imaginar cómo saldría de aquel embrollo en treinta y seis horas, pero quizá ocurriera un milagro.

-          Te veré en el café Nugget.

-          Bien. ¿A la seis?

-          Me parece bien -alzó la vista hacia el sol-. Es tarde. Será mejor que volvamos. Tengo un montón de cosas que hacer hoy.

-          Sí, yo también.

-          ¿Cómo qué?

-          Investigar. He comprado algunos libros en Phoenix.

          Pedro tenía la sensación de que no debía preguntarlo, pero lo hizo de todas formas.

-          ¿De qué?

-          De técnicas sexuales. Cuando llegue el momento, quiero saber lo más posible.

          Pedro se sintió como si alguien le hubiera dado un puñetazo en la boca del estómago.

-          ¿Es ese tu proyecto de verano?

-          Pues la verdad es que sí.


          Pedro gimió para sus adentros. Aquello era peor de lo que había imaginado. Cuando Paula se lanzaba a uno de sus proyectos de verano, no la detenía ni un camión cargado de dinamita. Y si la conocía bien, dejaría de ser virgen antes de terminar el verano.













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Hola! Acá les dejo las dos capítulos de hoy, espero que los disfruten y comenten, acá o en mi tw (@LasPepitasDePau). 

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