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Proyecto del verano.
Perder la virginidad.
Paula Chaves se balanceó con suavidad
en la mecedora del porche con un bloc en la rodilla y un vaso de té helado en
la mesita a su lado. Contempló lo que había escrito y suspiró. El principio de
una búsqueda era la parte más difícil.
Era una lástima que a los veintiséis
años, una mujer razonablemente atractiva se encontrara incapaz de resolver el
problema de su virginidad, pero así era. Y tenía que cambiar su situación o
perdería su credibilidad con las colegialas adolescentes a las que debía
asesorar. Además, deseaba la experiencia del sexo. Se moría por experimentarlo.
Dio un sorbo a su té y continuó.
Objetivo primero: encontrar un
candidato experto que quiera desflorarme.
Objetivo segundo: hacer jurar al
candidato secreto absoluto.
Objetivo tercero: hacerlo.
Paula suspiró de nuevo. Escribir sus
objetivos había sido su método de conseguir lo que deseaba desde los ocho años
en que se había muerto de ganas por tener un pony. Pero aunque deseaba perder
la inocencia mucho más de lo que había deseado aquel pony, su actual proyecto
parecía más difícil que hacer un viaje a la luna.
El pequeño pueblo de Copperville,
Arizona, no estaba precisamente atestado de “candidatos expertos”, pero incluso
los pocos que podrían serlo habían huido tiempo atrás amedrentados por sus
cuatro súper protectores hermanos. Y ninguno de sus corpulentos hermanos había
bajado la guardia. Todos esperaban que su hermanita llegara virgen al tálamo
nupcial. Estaban sumergidos en la edad media, pero ella los quería demasiado
como para desafiarlos.
Ésa era la razón del objetivo número
dos. Pero aquel punto era escabroso. Incluso aunque encontrara un candidato que
no se sintiera intimidado por sus hermanos, ¿cómo guardar un secreto en un pueblo
en el que si tenías dolor de garganta te aparecían en la puerta tres tipos de
sopa de pollo diferentes a la mañana siguiente?
Sus objetivos eran
inalcanzables. Apartó el cuaderno y lo posó sobre los libros que había comprado
para el objetivo número tres. Había tenido que ir a buscarlos hasta Phoenix
sabiendo que no podían verla en Copperville con un libro como: Cien maneras de
volverlo loco.
Y para ser sincera, la lista podría
haberla ayudado a conseguir aquel pony años atrás, pero su mejor amigo, Pedro
Alfonso, Peter, había sido la auténtica llave. Su familia vivía en el pueblo y
no tenía sitio para albergar un caballo, pero Peter había propuesto a sus
padres que lo guardaran en su rancho.
Pedro. ¡Él la ayudaría a encontrar al
hombre adecuado! Al contrario que sus hermanos, Peter entendía por qué
necesitaba aceptar aquel trabajo en Nueva York y ser una mujer independiente y
capaz. Sus hermanos podían haberse reído cuando ella había pedido un sable en
Navidad, pero Peter había ahorrado su paga y se lo había comprado.
Seguramente Peter entendería que no
podía llegar a Nueva York siendo virgen. Ya era bastante desventaja proceder de
un pueblo pequeño. Si las chicas a las que tenía que aconsejar descubrieran que
era sexualmente inexperta, se reirían de ella. Peter lo entendería en el acto y
la ayudaría a resolver su problema.
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Y aquí el primero, espero que les guste acá o en mi tw (@LasPepitasDePau).
Ah una cosa mas, hay algunas partes de la nove que voy a cambiar en relación a las fechas y eso, solo aviso.
Muy bueno el primer capitulo,segui subiendo.
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