lunes, 10 de febrero de 2014

Capítulo 32.


32

          Nueva York era todo con lo que Paula había soñado. Se había acostumbrado a recorrer Manhattan de arriba abajo en los fines de semana y en cada excursión descubría nuevas delicias. Se había hecho adicta a la comida callejera y a las tiendas de exquisiteces así como a subir a lo alto del Empire State.

          Pero lo que no había esperado era sentirse tan terriblemente sola. Se había hecho amiga de la gente de su trabajo, pero para ella la amistad requería mucho más tiempo. Los amigos eran la gen-te que conocías de años, la que conocía a tu familia y al resto de tus amigos. Los amigos eran gente como Pedro...

          Había creído que el deseo por él se le pasaría después de dos meses, pero en todo caso, se había hecho más fuerte. Ese día, lo llevaba peor de lo normal, porque era domingo y porque era la fiesta de Halloween, unas vacaciones que Pedro y ella habían compartido durante veintitrés años y nunca se habían considerado demasiado mayores como para disfrazarse.

          Paula había sido invitada a una fiesta de una de las profesoras de su escuela y había aceptado, pero ahora, sentada en su diminuto apartamento intentando pensar en un disfraz, no conseguía animarse. Lo más sencillo sería ponerse el disfraz de doncella de harén con el que había bailado para Pedro, pero eso le traería recuerdos.

          Suspiró. Se moría de ganas de que Pedro la abrazara de nuevo, pero lo echaba de menos más a él que sus relaciones sexuales. Ya había rechazado algunas invitaciones para salir. Sólo pensar en que alguien que no fuera Pedro la besara le producía escalofríos.

          Si seguía así, debería resignarse a la idea de quedarse soltera para siempre. Estaba empezando a pensar que ella era mujer de un solo hombre. Nunca lo había creído antes, pero después de lo del verano, Pedro se había llevado no sólo su virginidad, sino su corazón.

          Después de ponerse los transparentes bombachos y el sujetador de brocado, se fue al espejo de su pequeña habitación a ajustarse el velo y sintió ardores al pensar en los ojos de Pedro cuando había bailado para él. Nunca en su vida se había sentido tan sensual como cuando había agitado sus senos prácticamente delante de las narices de Pedro. Le había hecho perder la cabeza. Quizá no quisiera casarse con ella pero en aquel momento le había pertenecido por completo.

          Y había dicho que la amaba. Ahora se preguntaba si lo único que significaría sería el fantástico sexo que habían compartido durante el verano.

          No, no podía ponerse aquel disfraz. Le hacía echar de menos a Mac de todas las formas concebibles, física, mental y emocionalmente. Alquilaría un vídeo y pasaría de la fiesta. Se llevó la mano al cierre del sujetador de pedrería cuando sonó el timbre de la puerta.

          Sería seguramente su vecina de la puerta de al lado. Se miró al espejo. Bueno, era Halloween, así que nadie se extrañaría de encontrarla disfrazada.

          El timbre sonó de nuevo. Entonces la voz que oyó le llevó el corazón a la boca.

-          Golosinas o pellizco.

-          ¡Pedro!

          Salió corriendo a la puerta, abrió y dio un respingo.

          Pedro iba disfrazado de jeque del desierto, con ropas de ricas telas y un turbante blanco con un adorno de oro en la cabeza. Cuando la vio, él también se quedó con la boca abierta.

-          ¡Uau! Esta telepatía ya es de asustar.

-          Sí -dijo ella sin dejar de mirarlo con el corazón desbocado-. Da un miedo mortal.

-          ¿Vas a ir a alguna fiesta?

-          No. Bueno, quizá. Me invitaron a una y estaba intentando decidir si quería ir o no, así que me puse el disfraz para ver si podía llevarlo -tragó saliva-. Pero no puedo. Bueno, pasa. ¿Tienes equipaje? ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? ¿Cuándo has...?

-          No he traído equipaje. Lo he dejado en el hotel.

          Las esperanzas de Paula cayeron por los suelos.

-          ¿Ho... hotel? ¿O sea que no vas a quedarte... conmigo?

          Pedro entró y cerró la puerta tras él entre el crujido de las telas. Entonces, se dio la vuelta para mirarla.

-          No quería imponerte mi presencia. Supongo que tendrás una vida bastante agitada y que te estarán pasando todo tipo de cosas.

          O sea que sólo había ido de visita, pensó con una profunda decepción.

-          Bueno, por supuesto me encantará organizarme para estar contigo. Si me hubieras dicho que venías, podría haberlo arreglado para tomarme un par de días libres, pero ahora, con tan poca antelación, no estoy segura.

          Pedro agitó una mano como si no le importara.

-          No quiero que interrumpas tu trabajo por mí -vaciló-. Dijiste que te habían invitado a una fiesta. -su voz se hizo ronca-. ¿Tienes alguna cita con algún chico?

          Por un momento consideró mentirle, pero no lo había hecho nunca con Pedro y no iba a empezar ahora.

-          No. Es de gente de mi trabajo. No es ningún tipo de fiesta de parejas ni nada de ese tipo.

-          ¿Y pensabas ir con eso puesto?

          Una cosa era que ella no hubiera podido soportarlo por los recuerdos y otra muy distinta que él se lo preguntara con aquel tono. No tenía derecho a hacerlo.

-          ¿Y por qué no?

-          ¡Porque es indecente!

-          No pensabas eso la noche que bailé para ti -se sopló con impaciencia el velo de la cara-. ¡Te gustó tanto que tenías la lengua fuera, caballero!

-          Y la sigo teniendo. Y a todos los chicos que estén en esa fiesta les pasará lo mismo.

          Paula alzó la barbilla.

-          ¿Y a ti qué te importa?

          Él se adelantó y la agarró.

-          Me importa todo…

          Paula se quedó sin aliento y el espacio pareció contraerse cuando se sintió perdida en su mirada.

-          ¡Maldición! No pensaba portarme así. Quería ir despacio, averiguar primero si tenías algún novio.

          Paula sintió otra oleada de deseo. ¡Qué día tan maravilloso! Un día glorioso, a decir verdad, pensó.

-          Bueno, creo que si.

-          ¿Que lo crees? -bajó la vista hacia ella con el ceño fruncido-. ¿Qué tipo de respuesta es ésa?

          Paula se alegró de no haberse quitado el velo para poder ocultar la sonrisa.

-          No está siendo muy claro acerca de sus intenciones, así que es difícil para mí saber si es mi novio o no. Pero estoy bastante segura de que lo es.

          Pedro frunció aún más el ceño.

-          ¿O sea que es uno de esos tipos que no se deciden?

-          Digamos que está un poco confuso.

-          ¿Y qué es lo que sientes por él?

-          Estoy loca por él.

          Los ojos de Pedro se ensombrecieron mientras la apretaba el brazo con más fuerza.

-          No puedes estarlo.

-          ¿Por qué no? ¡Es fantástico!

-          ¿Fantástico? ¿Qué quieres decir con eso? -entrecerró los ojos-. Paula, ¿has hecho el amor con ese tipo?

-          Recientemente no.

-          ¡Me importa un rábano si es reciente o no! Paula, ¿Cómo has podido hacer el amor con otro hombre? ¿Cómo has podido?

-          Lo cierto es que llevo sin hacer el amor desde agosto. Y la última vez que lo hice llevaba este mismo disfraz puesto.

          La comprensión suavizó el gesto de Pedro.

-          ¡Oh! ¿Y dijiste que estabas loca por ese tipo?

          Paula asintió.

-          No me puedo imaginar por qué -susurro Pedro con voz ronca-, porque es un idiota.

-          No -se acercó y le acarició la mejilla con la mano temblorosa. Lo deseaba, fuera cual fuera la razón de su estancia-. Sólo está confuso. ¿Quieres cancelar la reserva del hotel? Nadie de Copperville tiene por qué saber que te has quedado en mi casa durante tu visita, si es eso lo que te preocupa.

-          No he venido de visita.

-          ¿Qué?

-          Estoy buscando trabajo en un par de compañías aéreas. He venido a vivir aquí.

          Paula estaba aturdida con la noticia.

-          ¿Y qué pasa con el rancho? ¿Y tus padres?

-          Han contratado a otra persona para hacer mi trabajo. Decirles que necesitaba vivir por mi cuenta no fue nada fácil, pero fue lo correcto. Se lo debería haber dicho antes, pero supongo que tú me marcaste el camino.

-          ¡Estoy impresionada!

          A Pedro se le nubló la mirada.
Mira, esto no te obliga a nada. No te estoy pidiendo que cambies tu vida sólo porque yo haya decidido venir aquí. Quiero decir que... desde luego que me encantará verte y todo eso, pero...

-          ¿Y qué quieres decir exactamente con “todo eso”?

          Paula agitó las caderas contra su túnica y sintió su instantánea respuesta.

          Él gimió con suavidad.

-          ¿Esto?

-          Tess, yo...

-          ¿Y esto? –dijo moviéndose contra la creciente erección de Pedro  

          Le apartó la tela de la túnica y frotó el sujetador de pedrería contra su torso desnudo.

-          ¿Y esto? –preguntó presionando contra ella.  

-          Me vuelves loco, Pau. Te he echado tanto de menos, que apenas podía pensar con cordura.

          Ella apretó el cuerpo contra él.

-          Si no podías pensar con cordura, entonces quizá no recuerdes lo que me dijiste cuando hicimos el amor la última vez.

-          ¡Por supuesto que lo recuerdo!

          Pau hizo acopio de valor y continuó.

-          Necesito saber si era algo que dijiste en el calor de la pasión o significaba más que eso.

          Él la apretó con más fuerza.

-          Quieres todas las cartas sobre la mesa ¿verdad?

-          Sí.

-          Entonces, quítate ese maldito velo.

          Paula se lo desabrochó al instante y lo tiró en la silla más cercana.

          Pedro bajó la mirada hacia ella y su expresión se estremeció al recorrer su cara. Entonces, se metió la mano dentro de la túnica y se sacó el colgante de perla.

-          Creo que ya es hora de que te vuelvas a poner esto.

          A Paula se le aceleró el corazón ante el sentido de aquel gesto y tembló cuando Pedro le abrochó el cierre de la cadena y la perla cayó entre sus senos.

-          De acuerdo. Pensaba ir más despacio, pero si lo quieres todo de golpe, allá va. Te amo. Quizá siempre hubiera sabido que eras mi compañera a un nivel inconsciente, pero había muchas cosas que se interponían entre nosotros. Voy a casarme contigo algún día, Pau, cuando estés preparada. Comprendo que puedes tardar un buen tiempo, pero...

-          Estoy preparada.

-          Estoy dispuesto a esperar hasta que hayas experimentado todo lo que...

          Pedro se detuvo asimilando en ese momento la respuesta de ella. La miró a los ojos como para cerciorarse y ella asintió.

-          ¡Oh, Dios! -su boca descendió sobre la de ella y la besó hasta que los dos se quedaron sin aliento-. ¿Estás segura? Quiero decir que acabas de empezar esta nueva vida y quizá quieras seguir soltera un par de años para...

-          ¿Para qué? No se me ocurre nada más excitante que vivir contigo como tu mujer. Creo que eso lo he sabido desde que tenía tres años. Te amo, Pedro, con desesperación, por completo y para siempre.

          Su sonrisa se hizo más tierna.

-          ¿Me lo juras por la tumba de Tutankamón?

-          Desde luego. Y ahora déjame darte una información vital. El dormitorio está al otro lado de esa puerta a tu derecha. ¿Crees que podríamos entrar ahí y hacer el amor de forma loca y apasionada durante las próximas diez horas? Me siento muy abandonada.

          Él sonrió y la alzó en brazos.

-          ¿Sólo diez horas?

-          Para empezar.

          Pedro la besó en los labios con suavidad.


-          ¿Tienes hielo? -murmuró.













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Holis!! Aquí les dejo los dos últimos capítulos de la nove. Entre mañana y el miércoles subo el epilogo. Espero que la hayan disfrutado y les hay gustado tanto como a mi!! GRACIAS POR LEER♥

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